18 en Bogota

Existen situaciones y condiciones bajo las cuales actuamos con plena confianza en lo que hacemos, por una convicción propia, o una creencia radical errada o no. Sin embargo, pocas veces podremos notar si hacemos cosas sin dar importancia al sentido de lo que hacemos, o si lo hacemos impulsados por las razones erróneas.

Debemos recordar también, que en el camino nos encontramos con obstáculos, falsos guías y caminos hacia ninguna parte: es necesario entonces tener la mirada al frente y hacer uso de nuestra vista, sin dar por hecho que podemos ver lo que tenemos adelante. El hecho de saber hacia donde vamos no nos lleva al destino, sino el saber dirigirse allí.

Esta parece una cuestión de poco valor, pero hace poco ví una situación y caí en cuenta en un punto a considerar: Transitaba una invidente (o persona ciega) en altas horas de la noche por el carril medio de una avenida principal, al verla me acerque y le indique que iba por una avenida y su vida corría peligro. Su respuesta fue «yo se muy bien por donde voy«, a lo cual le respondí, «quizás usted si, pero puede que algún carro no la alcance a ver y la arrolle.» Pensé por un momento ser ciego para entenderla, pero no lo logré.

Luego me decía a mi mismo, siendo que las personas que pueden ver, muchas veces no alcanzan a reaccionar frente a un conductor ebrio, como es que una persona ciega pueda? Quizas no, pero ese no es el punto. Alguien diría, es una cuestión de fé… otro diría, es una cuestión de manejo de los sentidos, dado que las personas invidentes desarrollan sus otros sentidos un poco más.  Quizás ambos postulados serían errados, porque el hecho de transitar por la vía de los automóviles, aun siendo invidente, es irresponsable y era obvio que actuaba por exceso de confianza en sus capacidades, pero no consideraba las de los demás alrededor suyo: los conductores.

Y este es un hecho que no es condición única del invidente; probablemente es de todos quienes tomamos posturas radicales frente a hechos y nos aferramos a nuestros criterios sin detenernos a pensar un momento si cabría la posibilidad de que estuviésemos errados. Esta es una posición verdaderamente racionalista. Irracional es considerar siempre que se tiene la razón porque algunas de nuestras ideas sean ciertas o verdaderas; tan irracional como pensar que  alguien quien pensamos tiene la razón sea nuestro guía incuestionable, y no tengamos el derecho de preguntarnos la validez de sus postulados e indicaciones.

Aún los maestros de luz que trabajaron en distintas épocas de la humanidad, tuvieron que hacer un gran esfuerzo para demostrar sus puntos, dejar su semilla, y cuantas de esas semillas prosperaron? Pocas en realidad, porque pese a su fortaleza de demostrar la verdad, elaborar los caminos y redireccionar esta humanidad descarriada, podía engañar siempre aquel que con supuestos y postulados mágicos con habilidad pra manipular aquellos pueblos prestos a creer, pero duros para aprender.

Pueblos enteros sumidos en la ceguera de la creencia falaz, pero convencidos de ver el todo, quienes iracundos al cuestionarse su sistema de creencias llegaron hasta las acciones más atroces concebibles por el hombre. Y aún cuando el mundo avanzo, no se han extinguido estas hordas de hombres que con falacias y habilidad verbal convencen y arrastran a sus huestes a los más ignorantes y ciegos con visión pero sin ideas ni racionalismo suficiente para sentarse a considerar lo que se les propone. ¿Que tanto de eso nos ha tocado?

Por eso debemos entender que es necesario saber donde estamos parados, hacia donde nos dirigimos y sobretodo comprender que la escuela no son las cuatro paredes de las cátedras que han sido el objeto de disputa de muchos, de anhelo de poder y codicia… La escuela es el cuerpo de doctrinas, y por ello, así se suplanten y manipulen sus estudiantes, aun así se encubran y destruyan sus libros, la humanidad entera llegará inexorablemente alguna vez a entenderla, a estudiar y descubrir que es el espiritismo, y seguramente llegará a ello sola, sin ayuda mayor que la otorgada por un racionalismo y noción clara del hombre mismo.

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