6 en Bogota

En las ampulosas cimas del conocimiento material de las cosas, se yergue el hombre, considerando cada vez más su inesperado cenit como el máximo logro desbordante de etiquetas veleidosas, de cultos vanidosos a la personalidad y a la tenencia de lo que no le pertenece, porque todo el progreso es el esfuerzo común de la familia humana por alcanzarlo.

Sabe el hombre de todo, pero no de dónde viene. Logra el hombre todo, pero desconoce y desdeña el pasado que lo condujo a lograrlo. Conoce más lo que está fuera de si mismo que lo que desde adentro lo sostiene y anima. Vive el hombre más tiempo fuera de si mismo que dentro de si y por lo tanto lleva contenido el sello de la disgresión y la apatía, del desdén y la locura de la indiferencia, porque el fundamento de la comparación discernida y su complemento no lo establece, puesto que no halla nada que lo identifique con lo que lleva dentro de si mismo, porque no se ha observado, no se ha estudiado lo necesario para encontrar la relación íntima entre el mundo, el universo y lo que a diario vive.

De qué sirve saber que existe el espíritu y el espiritismo si el concepto lo sentimos fuera de nosotros mismos, no lo percibimos como algo propio. De qué vale conocer que hubo un hombre llamado Shet, otro de nombre Jacob, otros más como Sócrates, como Jesús y otros de mayor talante que no conocemos. Que hay una Escuela con cien años a cuestas, que hace un siglo hubo un Juicio y que muchos saben los contenidos de los libros que sustentan esas verdades universales. Es como estar dentro de todo y no poder entrar, entender, penetrar. Es como sentirse atraído por la gravedad del mundo pero no percibir la fuerza que nos une al mundo, porque no entendemos para qué está el mundo, la vida y nosotros.

Aunque sepamos todo no sabemos cómo funciona, cómo se enlazan los procesos históricos para darle vida a la historia y entender la filosofía de esa historia. La razón de ser de todos los estadios por los que han cursado nuestras vidas. La sutil diferencia entre lo aprendido y la sensibilidad para entenderlo, asimilarlo como propio y manejarlo con la habilidad de quien lo sabe. Pero el hombre en la cima no siente el principio del camino, como el  hombre maduro no percibe el calor del vientre que lo gestó materialmente.

Y así se desarrolla a expensas de quien lo acepte o no, todo el progreso y al progreso no le importa si lo entienden, si lo ignoran, si lo aclaman o si lo vituperan. El es, como dijo Ameghino, «incontenible, como un tren a toda marcha sobre la línea férrea en la que se opone un grano de arena a su libre movimiento»… De qué vale saberlo… De qué vale hablarlo o conversarlo sumergidos en la más elevada elocuencia, en la más alta refinación de nuestro idioma si perdemos la esencia que sustenta y alienta nuestra vida, si no sabemos del sueño que soñamos en las noches, si desconocemos la cara que acompaña nuestra fuerza de manera permanente.

De forma sorprendente y aunque no percibamos, continúa el sendero de la vida, en la que todos nos debatimos con la insistencia ciega del reloj. Sus manecillas saben moverse pero no saben de la cuerda que las empuja siempre hacia adelante, con el mismo ritmo, con igual secuencia, sin saber de su consecuencia enrolada en el tiempo… Y así pasa en el hombre, lo mueve una fuerza «que impele hacia adelante», «la voluntad del mundo y su representación», -como dijo Schopenhauer-. Pero mientras el h0mbre sea objeto de la vida y no sujeto, su mente rondará dentro de los límites objetivos de la materia, no dará testimonio de si mismo y será como el reloj, que sabe moverse hacia adelante sin dar fé de la motivación interna que lo mueve. Sin saber que, aunque sabiendo, está moviendo el mecanismo universal del progreso a expensas de todo el esfuerzo común, de la voluntad común y de la conciencia común para sentir con firmeza de dónde procede, para qué está en el tiempo y hacia dónde va.

Sabe de todo el hombre del presente que vivimos, cómo está formado el mundo, cómo dominar las fuerzas de la naturaleza para aprovecharlas, cómo saltar en segundos al otro extremo del mundo en palabras escritas o habladas y es sorprendente todo lo que sabe el hombre de hoy, tanto que la magia del medioevo hoy es una caricatura, la medicina artesanal del pasado hoy es una ciencia estructurada en la que confluyen todos los adelantos de la técnica científica. Sabe que el universo está poblado de mundos semejantes al nuestro, pero en ninguno afirma que haya vida como la nuestra, mejor o peor que la nuestra. Qué gran paradoja, descubrir que el geocentrismo era un gran error y afirmar como él, que la vida se reduce a la que existe en nuestro mundo de expresiones progresistas concretadas por el hombre. Es igual a decir que el universo gira en torno a la tierra, como decir que la vida inteligente es patrimonio exclusivo de nuestro mundo, que ella gira exclusivamente en torno a los desarrollos de este mundo y que su expresión y manifestación se excluye de todo el universo. No superamos el geocentrismo de las épocas más oscuras de nuestra sociedad, porque el hombre de ciencia y mayor vuelo, no descifra la vida que discurre más allá de la motaña y tiene que afirmar por los efectos de sus pasos sumergidos en la inercia del conocimiento positivo, que saber todo es igual a saber nada, cuando no se tiene la percepción sensible de haber habitado y asimilado la vida del mundo en si mismo contenida.

En condiciones iguales, expresamos a través de los hechos, el conocimiento que decimos tener toda la comunidad de la Escuela. Entonces no basta con saber que Trincado fue un Maestro, que fundó Escuelas en las que dejó un compendio filosófico para estructurar mejor el pensamiento. Sabemos que hay directores y dirigidos, pero no por qué, ni para qué. Sabemos mejor que la NASA que la Luna es efecto de la Tierra y que es un fragmento de nuestro terruño, pero no sabemos para qué nos sirve saberlo. Sabemos que habita en nosotros silenciosa entidad que nos otorga la sapiencia, la razón del equilibrio o del desequilibrio, pero estamos lejos de sentirlo, de sabernos y conocernos de esa forma. Por esa falta de sapiencia, se fundó el desconcierto y unos dicen ser para estar más arriba. Otros rescatan lo que nunca se ha perdido y en imaginaria y febril cruzada, se nombran así mismos como los salvadores ante gobierno extranjero, para tomar lo que no tiene propiedad, lo que en común pertenece a la humanidad, porque todo está construido por todos y, de alguna manera que ignoramos en el común esfuerzo de ir siempre más allá, gestamos lo que el fundador organizó y publicó denominándolo Espiritismo Luz y Verdad, sostenido en su ideal por una Escuela a la que denominó Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal. Esa doctrina que nos explica y nos define, la escribimos todos con los hechos que realizamos, fuimos materia de estudio de los que saben estudiar, de los que saben para saber mucho, de los dirigentes que gobiernan para ser gobernados, porque sienten que no están por encima de la vida y que el progreso es común, porque en común se construye…

FRATERNALMENTE

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