16 en Bogota

Estos tres términos, paranormal, anormal y normal, en general se refieren a una misma raíz, la cual se centra en la norma, como la ordenación que es necesaria para realizar actividades, tras de lo que se deben alinear conductas sociales que permiten la vida en comunidad. Sin embargo, no faltará la apreciación lingüística por la cual se limitará esta consideración, dado que su significado y aplicaciones no se orientan al mismo punto aparentemente, por lo cual el objeto de este articulo no será esta discusión, sino se limitará a su aplicación.

Para empezar, el uso del término paranormal se usa normalmente para calificar aquellos fenómenos que contradicen las leyes naturales así como las disciplinas que intentan estudiarlos. Bajo este precepto los que cualifican el grado de seriedad del «conocimiento científico», discriminan tales fenómenos como aquellos que no han sido explicado en términos de la ciencia actual; aquellos que únicamente se pueden explicar mediante una amplia revisión de los principios de base de la ciencia; y aquellos que no son compatibles con la norma de las percepciones, de las creencias y de las expectativas referentes a la realidad. Esto en realidad, resulta paradójico y absurdo en últimas considerando lo poco que se entiende de la realidad y es explicado por la empobrecida ciencia. Por lo que podemos decir, si hace 3000 años se dilucidaba sobre la naturaleza del trueno, se hubiera hablado en términos de paranormal, creando mil mitos acerca del trueno y de deidades poderosas y de seres supernaturales detrás del trueno. Un error que solo se pudo aclarar con el tiempo y aún solo hace pocos años conocemos algo de su naturaleza.
Ejemplos de los fenómenos denominados paranormales como la telepatía (o capacidad de comunicarse con el pensamiento o leer el de otra persona), la psicoquinesis (o capacidad de mover objetos con la voluntad pero sin tocarlos), la adivinación en sus múltiples formas, la comunicación con los espíritus, la percepción extrasensorial (que puede incluir a algunas de las anteriores), presencias de fantasmas, posesiones, reencarnaciones y otros presuntos fenómenos sobrenaturales post-mórtem, así como disciplinas y pseudociencias como la astrología, la lectura del Tarot y otros oráculos, la brujería, la magia y el esoterismo, medicinas alternativas y movimientos tales como el teosofismo y el New Age así como ciertas creencias orientales adaptadas al mundo occidental. No es de dejar a un lado las mencionadas Ufología y la Criptozoología.
Para un ojo racionalista, de análisis profundo, se podría evidenciar las falencias de la ciencia que terminan en mitos y transformaciones de la realidad en creencias, agorerías las cuales a través del tiempo dieron como resultado disciplinas al margen de la ciencia, dado que fue incapaz de retroalimentarlas, descartarlas o validarlas. Pero dicha ciencia, continuamente se invalida a si misma, cada vez que tras la comprobación de un fenómeno natural, químico, físico, psicológico o de cualquier disciplina científica. Sin embargo, se exacerba el ánimo del científico al discurrir en discusiones acerca del espíritu, de los fenómenos post-mortem, no dando paso a la más mínima duda de la irracionalidad de las consideraciones acerca de lo que científicamente no se puede explicar, aun cuando su explicación sea más valida que el mismo principio que la niega, como el espiritismo. Pero esto va más allá.
Por otro lado nos encontramos con lo anormal, se asigna a aquellas personas que poseen condiciones raras o disfuncionales. De esta manera una persona o un criterio social se considera anormal cuando este no se ajusta a un estándar y sobre todo si tiene una baja ocurrencia estadística, osea, muy poca gente en la población lo tiene. Dada esta razón los trastornos mentales, las ideaciones y pensamientos que se distancien de la norma se observan como anormales. Inclusive se considera un comportamiento anormal el hecho de escuchar voces sin que haya una persona que las emita, o de hablar cosas que y de modos que la persona normalmente no haría (aquello que sugeriría un acto de medianidad), anormalidad, y trastornos de la personalidad.

Pese a ello, volveríamos al punto en el cual se cuestiona cual es la comprensión de la realidad, de la vida, del hombre y de su sociedad civilizada para interpretar uno u otro comportamiento como normal y cualquier otro como anormal? Como los chamanes de las tribus indígenas tras alucinaciones y comportamientos que a la sociedad moderna le significaran anormalidad, no lo fueron para la tribu, puesto que los entendieron y les fueron de valor. Tampoco, pese a que cumpla los criterios es denominada anormal la mujer que aparece con los estigmas en la mano (y bastante mal localizados de hecho) alegando milagro, o aquella que en una papa frita ve la figura del Cristo y le unge y le adora como a un nuevo ídolo, con una comunidad que le sigue y con quienes adoran a esa nueva figura y le aceptan como una «norma!». Esto claramente pone en duda una cosa, que lo normal, es tan extraño y absurdo que rompe los límites de la lógica y de la racionalidad, llevándonos a quienes pensamos, analizamos y razonamos a escondernos en los vórtices de la anormalidad.

Pero esta normalidad, siendo un factor de una sociedad anómala, extrañamente estructurada, basada en conveniencias e interpretaciones parcializadas de la realidad, de los hechos, de los principios, y que les ajusta a sus necesidades hasta el punto de la irracionalidad. Una sociedad que acepta y valida las arbitrariedades religiosas las cuales si les solicitare saltar de un edificio alto para agradar a su Dios, lo haría sin pensar en las consecuencias, que pisotea cualquier pensamiento que se le distancie, que se le opone. Dicha sociedad, ensombrecida aun por este haz religioso, se ve aun mas sumergida por un factor quizás tan dañino como la misma religión: la ciencia, que invalida y niega todo lo que no puede explicar, relegándolo a la posición paranormal y de artilugios de agoreros brujos y similares.
Pero entonces, de que nos sirve la ciencia si los científicos nos deslumbran con el conocimiento de lo que descubre, que sin embargo siempre estuvo allí, pero hasta ahora logran entender, y ahora si validan como hecho. ¿Qué validez tiene eso?¿Porque entonces la visión de los científicos ha convertido todo lo que no puede explicar en fenómenos mágicos, paranormales, susceptibles de interpretaciones fantasiosas e irreales, en cambio de centrarse en colocarlos en el lugar que pertenecen dentro de la realidad?
Igualmente, quienes asignan o acuñan los comportamientos, actividades y demás como normales o anormales, separan los hechos aislando aquellos que no ven como pertinentes de su sociedad civilizada, sin distinguir de ellos aquellos que normales o no normales, frecuentes o infrecuentes, significan el progreso social, personal.
No basta con limitarnos al análisis de las palabras, de la consecuencia e impacto de las palabras en la gente, la sociedad, las diferentes comunidades, sino la manera como lo que exponemos se asimila, se evalúa y se considera, y cuando esto no corresponda a la verdad, somos nosotros parte de esa sociedad, normalmente o anormalmente demostraremos nuestro lugar en ella y el valor de nuestra filosofía, como parte vital del hombre en la tierra.

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