19 en Bogota

Avanzaba el año de 1943 y un grupo de hombres dinamizados por una doctrina filosófica escrita a comienzos del siglo veinte, deciden adelantar acciones concretas ante las entidades gubernamentales colombianas, para otorgarle a esa doctrina mediante la expedición de una personería jurídica, el reconocimiento legal que toda entidad llámese comercial, sin ánimo de lucro, de utilidad común, anónima, limitada y de tantas naturalezas que los códigos nombran en concordancia con el objeto social al que dedican su accionar y que se debe tramitar, si pretenden ser entidades legalmente reconocidas para cimentar sus acciones dentro de un marco jurídico civil o comercial.

Igual gestionó, en la República Argentina, el fundador de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal ante los organismos que regentaban la administración pública en su tiempo. En esa consonancia, también lo hicieron ese grupo de hombres en Colombia en el año 1943, con lo cual obtuvieron la personería jurídica número 36 emitida el 30 de abril de dicho año y mediante la cual comenzó legalmente a funcionar la actividad esencial de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal, Cátedra Regional Colombiana Luz de Jacob Nº178 en nuestro país. Actividad que es y siempre ha sido desde su fundación, la de impartir enseñanza superior gratuita, bajo la premisa de “Ama a tu Hermano” y “Conócete a ti Mismo” para lograr el  objetivo de fraternizar a toda la familia humana. Escuela singular en la que no hay socios sino adherentes, en la que los títulos y las dignidades especiales no existen, porque la libertad en su mayor concepto comienza por la igualdad en la justicia de su proceder.

La Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal, Cátedra Regional Colombiana Luz de Jacob Nº178, remonta su actividad jurídico legal al año de 1943, año en que le fue otorgada su personería jurídica por el ministerio de justicia de la época. A partir de ese momento ingresaron en su aula muchos hombres con diferentes maneras de aceptar, entender, racionalizar y aplicar los preceptos contenidos en su doctrina filosófica. Les asistió la duda, la esperanza, la fe, la voluntad de hacer algo sin saber con certeza qué, pero lucharon de acuerdo a sus grados de entendimiento, en concomitancia con lo aprendido en la doctrina que representa la institución de la Escuela. Lucharon porque estuvieron en movimiento, para apoyar los brotes de organización que en algunas ciudades capitales de departamento, municipios y veredas rurales, tuvieron en su momento la idea de unirse en torno a estos preceptos morales para atender las tendencias naturales del Espíritu de ir siempre más allá, de hallar lo que nos engrandece al otro lado de las fronteras, de percibir la presencia indescifrable del Espíritu que nos anima y mueve. De atender con prestancia relativa el llamado de los instintos sin que la pasión esclavice el entendimiento sano de las cosas y sus causas… -Hubo muchos que pasaron por las aulas de la Cátedra Regional-,  centenares según los registros de asistencia, de ellos muy pocos se quedaron para regir destinos institucionales, prevalidos de las imposibilidades que crea el fanatismo, la fe ciega, el egoísmo, la duda entre ser sin sello religioso y la de ser libre, relativamente, con el fardo de la superstición y la creencia a cuestas.

Es muy posible y como hecho cierto, que en todos los territorios en que la doctrina de la Escuela se ha difundido. Aportando elementos morales para la mejor convivencia del hombre. Sustentando los elevados principios que animan sus objetivos a través de sus representantes, estudiantes de buen juicio y lectores ocasionales de sus contenidos. Muchos y, aunque sean claros los conceptos expuestos, han entendido que los asuntos de la institución se manejan con los elementos comunes, como se hace con los que tiene la sociedad en que vivimos. La institución de la Escuela no genera dividendos financieros, no produce regalías, tampoco robustece las finanzas de las economías apócrifas, aunque dentro de sus enseñanzas tenga un compendio de catorce economías, que enriquecen las fuerzas morales e intelectuales del hombre, para el mejor aprovechamiento de los esfuerzos, porque la razón social y espiritual de la Escuela es el hombre, como único valor que no tiene precio, que no fluctúa en las bolsas de Wall Street, Hong Kong, etc. Como lo hace el precio bursátil del dólar dolorido en su nicho de muerte, circundado por la agonía de sus cultores en el área breve de sus verdes contornos…

Esta Escuela como ninguna otra en que se cultive y promueva la acción del pensamiento, que es la del Espíritu, tiene sobradas razones para ser diferente a las demás. No pertenecen a ella hombres que necesiten la vanidad académica para estudiar sus postulados. Tampoco los sedientos de poder y de riqueza. Los amalgamadores de ciencia y religión, los que mezclan doctrina filosófica con fórmulas de oración para endiosar acciones de hombres cabales. Aquellos que pretenden unir política de Dios y gobierno de hombres errados para sobresalir con gestos aprendidos de sus mayores en edad y dignidad, pero que no tienen proclama, programa y tampoco gobierno. Y aunque la Doctrina de la Escuela lo tenga, ellos insisten en su eclecticismo, tomando de uno y otro lado lo más sobresaliente sin comprometerse. Toman recursos materiales, toman principios, toman personas desorientadas, seguidoras de elocuentes presentaciones. De este modo la institución de la Escuela se desmorona, no en su granítica estructura moral y filosófica, pero si en su representación institucional, porque sus pretendidos representantes carecen del concepto elevado y austero señalado por su fundador, quien siempre trabajó en procura de sostener principios con el racionalismo contundente de la doctrina que escribió y que sirve de base inamovible de la Escuela fundada por él hace más de cien años en territorio Argentino.

La Cátedra Regional Colombiana Luz de Jacob Nº178, como rama inquebrantable de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal, mantiene sus acciones bajo la directriz de su Maestro Fundador, bajo la égida indeclinable de su estructura doctrinal. Y es por ello que no necesita Director General, porque su General está en la Doctrina que hace posible su existencia como Escuela y en sus representantes como institución. Los hombres necesitan conducción y orientación para ejercer las funciones propias de su vida cotidiana y para esos fines los gobiernos trazan políticas educativas tendientes a dirigir las masas a educarse para sostener el aparato de gobierno bajo las normas de la obediencia civil. Obediencia, que muchas veces se altera cuando los aparatos del sistema ejercen sobre los individuos imposiciones extremas que atacan la soberanía natural del Espíritu. Ante estas condiciones propias de la sociedad en que vivimos, se tienen que respetar unas normas contenidas en la estructura jurídica que rigen la convivencia entre los hombres y las instituciones que nacen por diferentes causas dentro de la sociedad. Entonces existe la Constitución Política, mediante la que se ordenan los acuerdos que a nivel general gobernarán a un pueblo o nación y para garantizar que eso se cumpla, los ciudadanos se obligan a mantener su cumplimiento para que el estado reconozca con justicia sus derechos. Entonces, la relación de gobierno y ciudadano va unida al cumplimiento de unos deberes y a la afirmación concreta de unos derechos fundamentales contenidos en esa Constitución Política. No en vano dentro de los postulados de nuestra Escuela, se proclama que si: “Quieres tener derechos créate primero obligaciones”, eso aplica para el respeto a las obligaciones generadas como consecuencia de la  relación Escuela Estudiante, que se tiene que cumplir por todos los que deseen pertenecer a la institución de la Escuela

Para el cumplimiento cabal de su ordenamiento interno, se emitió un Reglamento Interno de obligatoria aplicación en consonancia con unos Estatutos que reflejan el objeto social al cual se dedica cualquier organización comercial, civil, etc. Y de su objeto contenido en una personería jurídica, se desprende la aprobación que todo gobierno debe otorgarle a toda institución que pretenda actuar dentro del marco de la Constitución Política y la estructura jurídica que la complementa. En la Declaración de Principios emitida por el Maestro Joaquín Trincado, para el conocimiento general de todos, establece los elevados fines a los se dedica y el respeto a las constituciones de estado que profesa nuestra Escuela. Si se respeta la Constitución Política, es porque ella representa los derechos que tienen los pueblos y las obligaciones que también se deben cumplir para que haya equilibrio y armonía entre todas las fuerzas sociales. Si los ciudadanos están obligados a ese respeto y ellos son personas civiles protegidas y reconocidas por los alcances de la Constitución y nuestra Escuela es un conjunto de doctrinas morales de “enseñanzas austeras que hacen al hombre moral y digno miembro de la sociedad”, ella respeta las Constituciones a través de sus representantes, entonces ella también es de carácter civil a la que le asisten derechos, deberes u obligaciones protegidos por la Constitución Política en cualquier país, porque ella actúa a través de personas civiles organizadas en una institución, que para los fines de su objeto social está reconocida por una Personería Jurídica emitida desde el año 1943 en Colombia, con lo cual se obliga a cumplir el mandato de las leyes en todo lo que no se oponga a la libertad del pensamiento.

Trenzados en estrados judiciales, varias veces, los representantes de los intereses de la Escuela, contra los obtusos que se quieren apropiar de lo que consideran suyo. Se han malgastado muchos recursos que hubieran servido para atender con mayor eficiencia el objeto social de la Escuela contenido en sus Estatutos. Hoy, la comunidad que no entiende el mundo que le rodea, sus normas y sus ordenamientos, quieren saltar por encima de lo que la ley humana establece. Llaman traidor a su representante por tramitar y mantener vigente la personería jurídica de nuestra Escuela como entidad sin ánimo de lucro en territorio colombiano y desconocen la necesidad jurídico legal de tal figura, hablan y acusan y hacen juicios de valor. Llaman en su argumentación al gobierno argentino, que no tiene jurisdicción  en nuestra patria. Esclavos de sus malentendidos conceptos se entregan sin recato y sin soberanía en manos de lo que según esos seguidores de personas, es el Director General. ¿Quién lo nombró?, ¿Qué trabajo concreto por las causas de la Escuela legitiman su cargo ante esta institución?, ¿Basta con ser nieto del Fundador para apropiarse de cargos y dignidades sin nombramiento?. El cuerpo Estatutario de nuestra organización legalmente constituida y reconocida por el gobierno nacional, no tiene dentro de su organigrama lugar para directores generales, por lo cual manifiesta que todas las acciones adelantadas por la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal, Cátedra Regional Colombiana Luz de Jacob Nº178, están ajustadas a la ley y la constitución, que reconoce en nuestra institución una persona jurídica actuando como persona civil a través de su representante legal. Y cuando se ataca al representante, se está agrediendo a la institución que representa, por lo tanto, es un ataque directo a la Escuela, que los desentendidos dicen amar y defender.

Lleva en Colombia la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal Cátedra Regional Colombiana Luz de Jacob Nº178 setenta años de labor, de lucha por mantenerse sobre el mar proceloso de los antagonismos, de las simpatías, de las adhesiones pasajeras y continúa su acción sin detenerse. Tendrá mañana hombres en sus recintos que entiendan de sus elevados fines, también otros que interpretarán acorde con sus intereses particulares, que esta doctrina debe servir sus inclinaciones y como tal desearán modificarla para obtener satisfacciones personales. Otros intentarán lucrarse de lo que no les pertenece a nivel individual, pero siempre habrá, como durante las siete décadas pasadas, hombres rectos de conciencia, discípulos directos de la Doctrina de la Escuela, entregados racionalmente a sostener con decisión soberana los principios morales que hacen posible la fraternidad humana sin alabanzas, sin condiciones insultantes a la dignidad. Hombres educados con acierto filosófico con quienes civilmente demostrará la doctrina de la Escuela, la alta moral que desde sus comienzos sostuvo a través de sus representantes comprometidos con los elevados postulados que ella sostiene.

FRATERNALMENTE

CONSEJO REGIONAL COLOMBIANO

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