12 en Bogota

Hoy, día con significado o sin él, marca deleble del tiempo, memoria sin nombre que olvida un segundo, que no proyecta lo que vive, lo que experimenta, lo que observa…Sumergida en el tiempo sin tiempo, sin medida y sin nombre avanza la memoria del hombre que de tanto creer olvidó su estado, su patria, su ira resentida por el acoso social que exige su cuota, su aporte, su impuesto. La exigencia de adaptarse a las democracias, como se adaptó a religiones impuestas en las que no pudo reflejar su anhelo de ser, porque el dios de turno estaba por encima aunque fuese de carne y de hueso y para colmar los males se portan como pederastas, sirviendo a la vista de todos el engaño, que todos acomenten y aceptan… Ah! del hombre que aguanta de todo. Ah! de la conciencia aniquilada en el potro de las iniquidades papales, cardenalicias, pontificales y gubernamentales…¡Hasta cuando!, hasta que agote el mar de sus propias inhabilidades, de sus milenarias mentiras y se despoje de sus atuendos para que el hombre que de tanto ver y fallar, renazca de sus memorias, las lleve a la práctica  y caiga la máscara secular que tanto daño ha hecho a la sociedad humana.

Dicen los defensores de excecrables crímenes, que los de la iglesia son nada comparados con los del gobierno, un «falso positivo» aquí otro allá y otros incontables como los instintos de la naturaleza y para sostener una falacia se requiere otra de mayor tamaño y de falacia en falacia, sostienen que la vista hay que desviarla hacia otros criminales criminosos y que Don Ratzinger sigue siendo el santo mayor aunque se vista de escándalos sin cuenta por cuenta de sus corifeos cardenales, obispos, obispados, curillas socarrones de hábiles palabras e inconfesables hileras de secretos non santos…Salta la realidad y deja ver sus desgarradoras entrañas, niños violados, mujeres sometidas al secreto del confesionario, maridos burlados, pueblos engañados por sus dioes y gobiernos…Historia sin  memoria que se repite para escarnio de todos los interesados, porque no vimos los estragos cometidos durante dos mil años para zanjarlos, nunca fue mayor la falta de sensibilidad de nuestro cuerpo social, que inmutable acepta y sostiene la caducidad de una iglesia muerta, que vive por sus sostenedores con sotana o sin ella, llevada a cuestas por los que no tienen memoria, por los que no recuerdan las heridas y desafueros del látigo inmune de las democracias maquilladas con iglesias y todas sus seguridades, con seguridad se muere de hambre, con seguridad se muere por pensar diferente, por disentir. Con seguridad se resulta violado, engañado y ultrajado…Y así discurre nuestro querido mundo, al otro lado de la frontera, no está mejor.

Hacia arriba del trópico de cáncer, sambulle sus tentáculos el oro del hombre, con el saqueo constante a sus menores en desarrollo. Bursátiles manejos para evitar la caída inevitable con la quiebra del hombre, con la sangre que alimentó durante siglos la memoria de las iniquidades, con su hambre voraz y ensangrentada…¿Dónde están los dioses y las patrias?…¿Dónde los hombres de memoria luminosa?…¿Dónde van las patrias que construyen con fusiles, regaños, gritos, violaciones y cañones?…¿Dónde…? -Estará en la vuelta de la esquina de la conciencia humana- la que no tranza con oro, fusiles y cañones, la que inclina sus oficios a la dignidad del hombre y pone por encima de iglesias, dioses y gobiernos, la fraternal dignidad de ser por la memoria.

JETTRO

 

 

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