15 en Bogota

Qué doloroso es que una mujer quede gestando un niño, para que a los nueve meses nazca y comercien con él. Es el comercio más infame y degradante: como si fuera un artículo que se puede cambiar por dinero. ¿Será esto a causa de la ley de la fatalidad?

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el espíritu en su libre albedrío y libertad en el espacio, cuando elije a sus padres lo ve todo y toma la decisión, ¿tal vez para estudio y ejemplo de la humanidad, para que esta despierte y lleve estas cosas grabadas en su alma y sea ejemplo en otras existencias.

Es más grave aún, que ya pasamos como espíritus y como hombres por el juicio de mayorías, donde se pesaron todas las conciencias individuales y nadie, por ende, podrá quejarse de no conocer la ley.

Colombia, resulta ser uno de los mayores exportadores de seres humanos en el mundo, con un sistema nacional de adopción disimulado, según cifras de los investigadores de «Séptimo Día», pues entre Estados Unidos y Canadá son más de 20 mil niños adoptados. A holanda 7 mil, y sumando otros países que adoptan pasan de 60 mil.

Padres angustiados y madres inválidas ante las leyes impuestas por caprichos de algunos agentes del «Bienestar Familiar» quienes ni siquiera por humanidad permiten que sus madres vean a sus hijos por última vez. Estos niños son llevados fuera de su tierra natal sin saber que en este lugar sus moléculas los reclaman.

En otro lado del planeta, mujeres estériles por culpa o causa del celibato, bregando tener el calor y la mirada de un hijo propio, pagan sumas de dinero para obtener el amor de un infante que no es suyo; se sienten inválidas e inválidos porque el amor de padres es innato. Y en algunos lugares de las casas comercializadoras se encuentran por miles de fotos donde sus allegados se dan una esperanza que nunca llega.

Agencias secretas operan en el mundo con este tráfico inhumano lucrando grandes sumas de dinero, haciendo creer que tales niños fueron abandonados por sus progenitores. Pero como nada queda oculto, algunos de estos adoptados llegando a su mayoría de edad «ponen el grito en el cielo», reclamando ver a sus padres legítimos y unirse a ellos.

Estos hermanos que fueron comercializados, siempre se hacen la pregunta: ¿de donde vengo?,¿donde estoy y adonde voy? Estas casas privadas de adopción esconden o pierden la información y los que quieren encontrar a sus familiares biológicos optan por servicios de abogados.

Y los padres adoptantes, por su parte, suponiendo su buena fe, proporcionan los medios en algunos casos para que sus hijos adoptivos puedan obtener sus cometidos; estos desplazados en la infancia, cuando llegan a adultos y encuentran sus orígenes, llenan el vacío de su alma y se solazan en amor, con su patria y familia biológica.

 

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