10 en Bogota

No ha habido algo que más cambia en el transcurso del tiempo que el lenguaje y su contenido. Pese a que hablamos el mismo idioma, inclusive, lo que nosotros mismos decimos a través de nuestra misma vida, al volver a escuchar cada frase nos encontramos con las diferencias entre lo que era y ahora parece ser.

Es decir, de niños solíamos creer en algunas cosas de una manera, que al llegar a la adolescencia, dejamos de considerar, y luego, ya avanzados en años consideramos inclusive como abyectas. He allí el paso del progreso plasmado en nuestras ideas que se van modificando con el paso de los años, y al final del camino pudiéramos ser capaces de observar el cambio dentro de nosotros. No obstante, pareciera que tales reflexiones resultan someras y de poco criterio para muchos.

Del mismo modo, cuando observamos las palabras de alguien que haya dejado su mensaje años atrás, o siglos, muchas veces le restamos el valor por parecernos pobre el discurso, incoherente, invalido o poco inteligente. Cual sería la sorpresa nuestra de encontrarnos con las palabras de grandes personajes que inclusive decoran nuestras calles, y ver el disminuido grado de racionalidad en comparación con el discurso de muchos de los grandes personajes actuales, siendo que muchos de ellos pudieran ser en un importante grado mas progresados que quienes hoy día nos hablan.
Igual, muchas de nuestras referencias se centran en el texto escrito, el cual por la educación es entrenado para manifestarse con belleza y pulcritud. Siendo así, sigue la inquietud, ¿que tan pulida sería la expresión oral de cada quien en un pasado en comparación con la actual? ¿Nos parecería igualmente sabio si fuese torpe o quizás descuidado a la hora de expresarlo verbalmente? Pese a ello, la esencia de las enseñanzas de cada uno de los importantes personajes de la historia nos acompañan e iluminan nuestro camino haciéndolo mas fácil y dirigiéndolo hacia adelante en cambio de hacia atrás.
No, y es posiblemente el hecho que nos hace errar a la hora de considerar las palabras de aquellos maestros que guían nuestros pasos con su luz desde el pasado, a través de sus obras, que continuamente mal interpretamos, quizás subestimamos o aun desconozcamos pese a su importancia.
Pero, inclusive al mas sabio le toca vestirse de humildad a la hora de presentar sus ideas, defenderlas o exponerlas, y ojalá ante una muchedumbre que se le opone, a un principio que de alguna manera habría de cambiar el curso de la historia e impulsar el progreso. Este mismo personaje, décadas después, nos abordan con este mensaje, que bien expuesto en su época fue, claro para quienes a su haber lo entendieron, desconocido para quienes nunca accedieron a el, llega en nuestra época tal mensaje, y en un mundo diferente, con otras ideologías y sociedad, aquel importante mensaje se ve opacado o anulado ante el paso del progreso.
Esto no significa, no obstante, que el mensaje se hubiera perdido o fuera en vano: estuvo con quienes importaba, en el momento cuyo valor era importante para el impulso de una sociedad que lo necesitaba, y para nosotros es una luz que nos ha de recordar el paso del hombre por aquellos caminos y señalando la ventaja de no necesitar volver allí. El criterio no se queda en la minuciosidad del mensaje dicho para aquellos que vivieron esa época sino en el sentido, la esencia del mensaje.
Pese a ello, los filósofos y teólogos académicos, enfermos por la minuciosidad del detalle del conocimiento deshacen cada uno de esos mensajes hasta trastornar el sentido y matar la esencia. Pocos se han podido salvar de este “salvajismo académico contemporáneo”. Desde Sócrates hasta Joaquín Trincado podremos mencionar una larga lista de improperios contra los principios y bases que cada uno formulaba y empapaba en una sociedad obscurecida por la ignorancia, en su tiempo.
Acaso es esa misma sociedad, de años o siglos atrás, la misma actual? Somos los mismos? Probablemente en espíritu lo seamos, pero nuestras materias han evolucionado a tal nivel que muchas de esas cosas las entendemos o por lo mínimo las conocimos y nos hacen ver un mundo distinto. Pero, los mismos no lo somos en realidad, como para juzgar con los ojos que hoy día tenemos las palabras del pasado, sin usar las gafas o anteojos del pasado para sopesar con sabiduría cada obra, palabra o acción de cada maestro o hermano.
Y está el progreso entonces en nosotros, por rústicos o poco estudiados que seamos, puesto que llegamos a una tierra con internet, email, celulares, carros, televisión, DVDs, libros digitales, video grabaciones de pensadores y reconstrucciones históricas quizás erradas, pero útiles para recordar… No pone esto en desbalance el pasado con el presente?, Nos obliga a requerir un nivel de análisis y pensamiento racional que ajuste la balanza que hace comprender las palabras que aquellos maestros dejaron en nuestro camino para empujarnos al futuro y al progreso, para entenderlas como son y fueron: solo así lograremos aprovechar las lecciones dadas y nos bañaremos en la luz que todo el conocimiento nos proporciona en su medida.

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