12 en Bogota

La fenomenología, entendida como la búsqueda de la demostración de los fenómenos espiritas, y también es la práctica indiscriminada y poco fundamentada del fenómeno como tal y poco relacionada con el método. Por ello esta doctrina manifiesta que el Espiritismo no es Fenomenología.

No obstante, a veces se concibe la doctrina del Espiritismo Luz y Verdad como el libro en absoluto y no como el principio filosófico: La fenomenología tiene un fundamento filosófico, cuya base se centra en el conocimiento estricto de los fenómenos. Y es allí donde el tema de la demostración del espiritismo toca la fenomenología, no como aquella practica indiscriminada, inescrupulosa, y muchas veces engañosa, sino como un principio o por decirlo así parte del estudio.

Va de más decir que el fenomeno es el sustento de la existencia del espiritismo. Pero que el espiritismo lo abarca todo y tiene su presencia en todo, por lo cual basicamente el espiritismo no prescinde de la practica fenomenologica para demostrarse. No obstante hace falta dar una vuelta por la conceptualización teorica y practica de la filosofía fenomenologica y de la escuela fenomenologica con la cual veremos que, más allá de las acciones de aquellos que con ignorancia abusiva omiten, alteran y destrozan los principios, hay fundamentos que vale la pena darles una ojeada.

La fenomenología filosóficamente lo entiende así: los fenómenos son, simplemente, las cosas tal y como se muestran, tal y como se ofrecen a la conciencia. De esta manera se concibe desde este principio filosófico que en el mundo hay hechos, pero también esencias. Los hechos son las realidades contingentes, las esencias son las realidades necesarias; la tarea de la fenomenología es descubrir y describir las esencias y relaciones esenciales existentes en la realidad.

Como se puede observar tanto conceptualmente como filosóficamente, el fenómeno no puede ser visto como el suceso y he allí donde mucho «practicante de la evocación del espíritu«, en su búsqueda de la demostración tangible de la existencia del espíritu se equivoca. Es decir, el ver la manifestación parlante, auditiva, escrita entre otros no implica el hecho, porque este simplemente es, y lo es porque el espíritu hace la realidad. El resto va demás y sobra cuando nuestro conocimiento nos muestra una esencia fundamental en la vida que parte del espíritu y que se manifiesta en cada acción humana. Así, la demostración espirita dada en las circunstancias extraordinarias, como en sesiones explicitas de comunicación espirita bajo condiciones dadas, si bien confirman el hecho, este no depende exclusivamente de él.

Peor aún, cuando para demostrar la existencia del espíritu, se prescinde de la comunicación aparente de un «espíritu de luz», el cual sin saberse o no quien es, por el solo hecho del fenómeno, se asume que es. Y he allí el meollo del asunto. ¿Acaso dependemos de saber si la comunicación es de X o de Y, para validar la existencia del espíritu? ¿No basta con un análisis racional de las verbalizaciones, las circunstancias, el ambiente, la situación para determinar si estamos ante un engaño y que somos parte de él, puesto que por esencia, el espíritu está, donde quiera que estemos y se manifiesta de todas maneras?. Ademas, entendemos el objetivo real de una comunicación espirita de un espiritu de luz o de un espiritu de poca luz?

Cuando nos libramos del yugo de la dependencia de la manifestación como demostración y nos centramos en el principio del fenómeno, es decir, de la esencia, la manifestación adquiere otro valor. Entonces, no solo importa el contenido de una comunicación espirita, no solo importa quien es el comunicante. De este modo, como el mismo Edmund Husserl lo planteaba: «Cuando el fenomenólogo describe lo que ve no se preocupa por el aspecto concreto de lo que ve, intenta captar lo esencial; así, si se preocupa por estudiar la voluntad, no intenta describir los aspectos concretos presentes en un acto voluntario real sino la esencia de la voluntad y sus relaciones esenciales con otros aspectos de la subjetividad como el conocimiento o la libertad.»

Debemos ser conscientes de que esta es una de las razones por las cuales el conocimiento del Espíritu, el Espiritismo como filosofía, del Espiritismo como doctrina se mantengan marginados y vulgarizados y hasta ridiculizados como actos de circo. Porque mientras el estudio del fenómeno dependa de lo concreto, es decir, se comunicó el «Espíritu X» y manifestó su desagrado y tristeza por X situación; mientras veamos eso, será esta doctrina, sus principios y su esencia vista con desmerito, puesto que lo más importante lo desechamos y lo ignoramos a la hora de aprender, analizar y comprender el fenómeno.

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