12 en Bogota

En todos los rincones del alma en desarrollo, debajo de las sombras del entendimiento, de los cansados sermones milagreros. Al lado de los supersticiosos embates de esperanzas sobrenaturales. Desde el fondo de los deseos irrefrenables de poderes políticos que nunca llegarán, porque no tienen política, gobierno ni asidero en la razón equilibrante de la verdad y la justicia. Se apresta toda la comunidad de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal, al festejo del paso del tiempo en una centuria. Es el paso en el tiempo de la sociedad humana. Del hombre que se debate desde milenarias generaciones por regenerarse.

Y le pasó al hombre “el tiempo los tiempos y la mitad del tiempo”. Mucho fuego alimentó las hogueras del pensamiento, muchas condenas amedrentaron a las ideas, muchos pasos se caminaron en procura de avanzar hacia un sentido civilizador, unificador y organizado, que centralizara los acuerdos instintivos en razones mayores para consolidar la sociedad humana en la Comuna de Amor y Ley. Y desde tiempos remotos comenzó el proceso. El hombre y los hombres todos de la sociedad humana, de la familia humana, durante mucho tiempo avanzaron sin saber hacia dónde, sin dar testimonio de si mismos por la dualidad de su desarrollo, por el grado de circunscribir la vida al ciego avance de la materia, sin presentir la presencia regeneradora del Espíritu.

No son cien años los que el tiempo de los festejos exclama en septiembre de 2011. No son los tiempos de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal, porque ella no tiene tiempo, no vive del tiempo, ni por el tiempo comienza a ser. Ella es “Per se”. Es mayor que el tiempo. Supera los alborotos divididos y divisorios de aquellas ávidas gargantas que convocan los tantos amigos delirantes, los siniestros personajes que de manera ilícita aprovechan el nombre de la EME de la CU, para llevar un festín con festones de todos los colores que aportó la corriente de los eclécticos. Conciliando tesis, amalgamando la verdad con la mentira elegante y festiva, concordando diversas fuentes antagónicas de poderes materiales, adhiriéndose a movimientos de febriles nombres, evocando personas que no pueden disentir de los fines que persigue ante la utilización de sus frases de combate intelectual, para presentar una Escuela con todas las tendencias, en ridícula carrera hacia la falsa presentación de otra doctrina, que sostiene el interés mezquino de la figuración personal, entregada en altisonantes frases que amalgaman consignas propias de la Escuela con otras, cuyos significados no los otorga ni sostiene la EME de la CU, porque su doctrina filosófica dejaría de ser la justa emanación de la vida racional, para convertirse en el reducto particular de movimientos ideológicos que no están inspirados en los altos preceptos de esta Escuela. Que supera en el tiempo el primer movimiento racional del hombre, porque lo define y sienta la causa y el efecto de esos movimientos en su doctrina.

La Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal, no es cien años de historia. Esos cien años son del hombre que vivió en la sociedad de la Tierra, son los cien años de la actividad que desarrolló el hombre en sus sociedades con la doctrina de la Escuela. Es la intervención del alma educada por estas doctrinas, en el desenlace de los cambios políticos y sociales que propiciaron los hombres con esta filosofía. ¿Hay un mundo mejor gracias a estas causas?, o “¿Comprenden los estudiantes de esta Escuela, que no puede existir la sociedad en la forma denigrante que hoy funciona?”. Si lo comprenden, -¿por qué esa comprensión no soporta un proyecto social que desplace “los buitres de capitolio”, desencadene y libere las fuerzas fraternales, que dicen representar los que enarbolan banderas de colores diferentes al tinte de la justicia y la verdad?-…Quizá en general, la comunidad de la Escuela no tiene conciencia real de para qué sirve y cuál es el propósito esencial del movimiento de ella en la vida del mundo, porque en cien años el balance es negativo. No supieron para qué es el contenido del programa de perpetua actividad y se limitaron a esperar el demiurgo que cambiara lo que a nosotros nos corresponde cambiar. A figurarse como seres de extraordinaria sensibilidad tocados e inspirados por los grandes espíritus, por luminosos maestros, dividiéndose en incontables fragmentos el entendimiento de un ideal que unifica al hombre en un solo objetivo de fraternidad para consolidar la comuna como estado y como gobierno de los hombres y para los hombres de la Tierra.

Han pasado cien años y las doctrinas del Espiritismo Luz y Verdad fueron rechazadas en la práctica con objetivos contrarios a su programa. Desde el seno de la EME de la CU nombró la ceguera de sus representantes, dignidades generales, direcciones sin rumbo que hoy se jactan de celebrar un siglo de deseos marchitos. Un siglo que pesa en la doblada conciencia del incumplimiento y de la fe en un salvador general, que pesa en el fiel de la balanza y la inclina sin medida hacia la “quiebra fraudulenta” de los hombres sin bandera que engañan y se engañan en su maraña de sueños políticos sin política y sin gobierno. Es la quiebra de una sociedad, que aunque no quiera, camina irremediablemente a la comuna, porque vive y vibra en la íntima condición del mundo comunizado, del mundo que hoy se conoce en fracciones de segundo, cuyas manifestaciones geológicas, sociales, económicas, sociológicas y políticas, son conocidas al instante por la comunidad mundial, sin que medien meses o años para que se perciban, se analicen y se asimilen por cada hombre que se considere como parte del mundo en su común movimiento que de manera incipiente comenzó a palpitar en la conciencia desde hace un siglo y que avanza en silencio, como la verdad que no busca reconocimientos, porque es como la Escuela: “Per Se”. Como el mundo comunizado y libre que gravita en los deseos de la mayoría, en la identidad común de ser hombres de la misma especie y del mismo origen. Enlazados por la misma causa. Construidos con la misma sustancia, con los mismos átomos contenidos en el universo, pero llorando desventuras distintas porque nos enseñaron desde hace un siglo que “cada uno ganamos el progreso con esfuerzo propio”, como lo ganó Sandino. Preclaro estudiante y sostenedor de las doctrinas naturales y universales de la Escuela cuya grandeza pretenden unos cuantos reducir en el festejo de una centuria que no pesa en sus caudales, pero que forma parte del tiempo por el que pasa la sociedad humana con toda la carga de desequilibrios, contradicciones y profundos fracasos porque todavía no se lleva en el alma la verdadera patria. “La que está al otro lado de las fronteras”, la que rodea al mundo y las constelaciones infinitas. La que inspiró a Sandino, el abnegado adherente que concretó la doctrina liberadora del Maestro en el sustento ideológico del grito de dignidad y rechazo de un pueblo oprimido. Que condujo con su gesta y su bandera la patria que palpitaba al otro lado del capital arrogante del coloso del norte, demostrando que siete pueden llegar a ser siete mil y que mil se multiplican por millones cuando se marcha hacia adelante con el estandarte universal de la solidaridad inteligente del Espíritu. De la bondad equilibrante de la justicia. Y del fuego desinteresado del amor.

Esta Escuela lo sostuvo a través de su representante más elevado hace un siglo y derribó con su concepto el ensayo del hombre por ingresar en el socialismo, diciendo que no era lo que el mundo y la justicia exigen, porque era el efecto de los antagonismos de clase, de la falta de unidad ideológica, en resumen, otra muestra del movimiento instintivo que no se satisface tan fácil y que en lugar de socializar al hombre, de comunizar la conciencia de clase civilizadamente. Se socializaron los medios de producción. –Se socializó la materia pero no el Espíritu– y se intentó comunizar a través de la usurpación violenta de lo que a la materia le pertenece en su ley, imponiendo y obligando. De esa manera el instinto reacciona y rechaza las supuestas bondades porque no se le habló a la razón, al espíritu de la Ley que en todos los hombres gravita y que propende a la igualdad, a la fraternidad y a la justicia sin imposiciones. El resultado es la desesperación y el caos de la actualidad, porque no hay representantes ni representados y cada uno forma su fortín de aislamientos a través de la cultura moderna de la que se desprende la aflicción, la incertidumbre y la amargura de las individualidades sumergidas cada una en sus pequeños y frágiles fortines que se derrumban ante la naturaleza del hombre que nació para socializarse y comunizarse, para hermanarse porque esa es su vida, su esencia, su destino y misión. Y la ley reclama y la vida exige cada vez más, porque el hombre se desarrolla y avanza en proporciones mayores. Tanto que conoció la hija de la Tierra en un siglo, observó la redondez real del mundo de sus desvelos, surcó los aires no con las ondas magnéticas, porque las superó, sino volando en pesados objetos, desafiando la ley física de la gravedad, pero respetándola porque ella es manifestación del Espíritu. En un siglo el hombre desafió el progreso e hizo las mayores guerras que no había sentido el mundo en sus hombros y el conflicto prevalece y cada territorio de este mundo comunizado, pero no libre, tiene conflictos de clase, de conciencia, de antagonismos generados por la potencia material que ejerce en todos un atractivo mayor y todo eso es del haber de la Escuela y su Gobierno, porque ella y él definen las causas, señalan los efectos y el modo de remediarlos con el aprendizaje que conlleva el conocimiento de si mismo, plasmado en el cuerpo de doctrinas de las que la comunidad de la EME de la CU se aleja de su entendimiento, semejando hombres sin Escuela, como si en cien años los hombres no hubieran ingresado más allá del umbral de sus doctrinas. -Como si ella hubiera estado en ellos, pero ellos nunca en ella-. Porque la Escuela no crea la fraternidad, tampoco la solidaridad, mucho menos la Comuna de Amor y Ley, pero son sus postulados los que detonan esas fuerzas justicieras contenidas en el hombre, para que las materialice y con ellas transforme las sociedades. Conquiste el mundo y la conciencia del mundo con la “ciencia el trabajo y el amor”. (Ver nota al final)

FRATERNALMENTE

ESCUELA MAGNETICO ESPIRITUAL DE LA COMUNA UNIVERSAL
CATEDRA REGIONAL COLOMBIANA LUZ DE JACOB Nº 178
CONSEJO REGIONAL COLOMBIANO

Bogotá D.C.- Septiembre 20 de 2011

NOTA: Copia de este Texto se anexa a nuestra biblioteca publicada en scribd (leer aqui), para propositos de consulta y verificación del original para aquellos que deseen leer el original sin cambios, tal como fue emitido.

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