20 en Bogota

En el discurso tradicionalmente encontramos escenarios que buscan llevar a un público a concebir un concepto, a un curso de acción determinado. No obstante, más allá del manejo lingüístico que se haga de la presentación o exposición pública de un tema, con frecuencia nos encontramos confundidos o con la sensación de ser engañados, o peor aún de haber caído en una falacia.


Sin embargo, a la luz del análisis racional resulta complejo comprender la diferencia entre lo que implica una falacia y un sofisma, dado que en ambos casos la manipulación de la conciencia que conlleva a una acción irracional son lo característico. Pero al observar con detenimiento lo que implica cada uno de estos conceptos podemos ver la sutileza entre la falsedad y el engaño.

Es menester entonces analizar cada uno de estos conceptos algo más. Mientras que para el muy pobre diccionario de la Real Academia la falacia se define como un engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien; igualmente como el hábito de emplear falsedades en daño ajeno; un sofisma es una razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir lo que es falso. Por ello desde una perspectiva lógica, la falacia y el sofisma congruentemente concebidos como sinónimos con los que se designan los razonamientos aparentes, independientemente de cual sea su objetivo. Así, los sofismas o falacias son comprendidos como “razonamientos aparentes”, y como tal es imposible entender qué es un sofisma si antes no se sabe qué es un razonamiento.

En resumen: si deseamos distinguir entre un sofisma y una falacia desde la lógica tendremos el problema de que ambos son razonamientos ambiguos y el criterio se nos nublara, por lo que debemos analizarlos a la luz de la razón.

Para entender esto, es necesario enredarnos un poco la vida, pero debemos ir hacia las bases filosóficas de los maestros que nos enseñaron a filosofar; ir más allá de la filosofía planteada en los textos del maestro Trincado y recordar o replantearse, precisamente, los planteamientos de Aristóteles quien en sus tratados sobre lógica, concebía el razonamiento como un encadenamiento de juicios en el que partiendo de una proposición conocida se descubre otra u otras desconocidas. Aristóteles, se ocupa tanto del razonamiento deductivo como del inductivo, pero considera que el conocimiento científico se alcanza deduciendo lo particular de lo general, es decir, con el conocimiento de las causas.

Veamos un ejemplo:
Si el ser es cognoscible, o es idéntico o es distinto al pensar.- Siendo idéntico, el ser sería incognoscible, porque todo lo pensable tendría que ser, y existirían cosas totalmente absurdas e inverosímiles, por ejemplo, un caballo con alas.
– Si es distinto, también sería incognoscible, porque implicaría que el pensar es un no-ser, siendo imposible conocer el ser a partir del no-ser.
CONCLUSIÓN: si el ser existiera, sería impensable.

Como podemos observar, aun a través del uso de la lógica y la razón, podemos ser fácilmente engañados o distraídos con deducciones absurdas, aunque propiamente estructuradas. Debemos ver que, los sofismas, no son una inexactitud de los hechos ni de las creencias. Comprenden un proceso de pensamiento (argumentación), por consiguiente atañe a las conclusiones y no a las declaraciones en que estas se basan.

Además la palabra sofisma usualmente se aplica a conclusiones que parecen acertadas y a veces convincentes pero son, de hecho, incorrectas. Luego para que haya falacia o sofisma, debe fallar algo en el proceso de raciocinio.

Por otro lado, una falacia es un razonamiento falso con apariencia de verdadero, por ello se dice que es un razonamiento engañoso o erróneo (falaz), pero que pretende ser convincente o persuasivo. Podemos diferenciar para entenderlo mejor a través de dos tipos de falacias:
a) Las falacias lógicas, que están constituidas por los errores del pensamiento
Ej. Si puedo cargar las piezas de mi automóvil, también puedo cargar mi automóvil.
b) Las falacias emocionales producidas por factores emotivos que influyen en el pensar
Ej. La reencarnación no existe, aunque no se ha probado lo contrario.

La diferencia entre un sofisma y una falacia es poca, por lo cual sus términos se tienden a relacionar y a asimilar como sinónimos, sin embargo podemos ver que la falacia es menos sofisticada y hace menos uso de recursos lógicos que el sofisma, el cual se basa en silogismos y análisis lógicos para hacer que quien los escuche caiga en el error.
Pero, y ¿cómo mantenemos a raya y distinguimos cuando nos presentan una falacia o un sofisma como una verdad, la cual debemos supuestamente acatar o entender?
Voy a dar un ejemplo cercano de cómo se usa, incluso la doctrina para la inclusión de falacias y sofismas con el fin de engañar a incautos y hacerles llevar a tomar decisiones absurdas.

En una de las muchas circulares que circulan por el internet (no incluidas por obvias razones) se observa que se toman fragmentos de los textos del Maestro Joaquín Trincado, como por ejemplo el Capitulo 1º de la Circular Magna 1011, del 20 de septiembre de 1930, mencionados con el objetivo de sustentar frases posteriores que discuten sobre acciones pasadas, posiciones propias, cargos, posturas, determinaciones de las cátedras, etc. Lo cual no puede menos que constituir una falacia, dado que si se menciona con el texto citado que la Escuela es su cuerpo de doctrinas, en sí, cualquier cosa que altere la doctrina del Espiritismo Luz y Verdad representada en los libros publicados y que circulan constituye la falta a lo que la frase tomada cite. Mas sin embargo, las acciones perversas en contra de las cátedras, las personas que hablan mal o actual mal en contra de la escuela representada en sus aulas, de quienes asisten a ella, quienes la dirigen etc. implican otro hecho que no justifica el uso precisamente de ese extracto, el cual al contrario queda paradójicamente invalidado y deteriorado cuando se sigue de un discurso frágil e incoherente.

Con ello, vale la pena aclarar no infiero que la frase sea mala, porque lejos se debería estar en ponerla siquiera en duda, ni que las acciones o lo que la circular, carta o comunicado implique sea falso; solo hago referencia a las características de uso falaz e incoherente con la lógica de lo que se sustenta basándose en esas frases. ¿Cuál es el fin de la escuela y sus intereses? ¿Qué tanto podemos mal interpretar la doctrina o ser susceptibles de su tergiversación a través de trucos sofistas y discursos falaces que hábilmente hacen inferencias de los textos y escritos en general del Maestro Trincado?

Cuando se menciona que debemos ser espiritistas racionalistas, la segunda palabra es racionalista; pero sugiere la concepción clara de tener una noción valida del racionalismo, al igual como su uso en la práctica de la vida cotidiana, lo cual permita una comprensión más allá de lo impreso en la letra de molde en los textos del Maestro Joaquín Trincado y de la Doctrina del Espiritismo Luz y Verdad, que garantice no se hagan tergiversaciones, manipulaciones de sus contenidos a favor o en contra de unos u otros, lo cual de hecho sí representa claramente una deformación de la doctrina y siendo el caso si significa la detracción real, excepto que a través de la misma doctrina que se dice apoyar.

Pero volvamos atrás, mientras que como Sócrates, en ese sentido, a través de sus enseñanzas le inquietaba la ligereza con que se usaban las palabras en la vida normal, en especial las palabras que pretendían expresar nociones éticas, como justicia, formalidad, valor, etc. Cada quien parecía usarlas en un sentido diferente produciendo confusión intelectual y moral. ¿Cómo dar con el sentido verdadero de sabiduría, de justicia, de bondad?. No es una tarea fácil, dado que muchos han sido los Maestros que han venido a enseñar estos conceptos y a través del tiempo y las acciones los han convertido en religiones, sectas, y han vulgarizado y tergiversado su significado.

Para Sócrates, el primer paso era reconocer la propia ignorancia. Decía en sus diálogos que no sabía nada, pero que era más sabio que los demás porque estaba consciente de su ignorancia mientras los otros creían saber. Quien cree saber no se esfuerza en buscar la verdad. El primer paso hacia la verdad es barrer de la mente los prejuicios, las ideas incompletas, los errores que generalmente llenan las cabezas de la gente y no dan lugar a la verdad. Pero para hallar la verdad lo que no se debe hacer es tomar lo que la letra en molde nos dice, sino llevarla al análisis racional, al estudio coherente. Ello nos hace diferentes de quienes toman las verdades escritas en molde absolutistas de un solo libros presentadas como doctrina única, cual es el caso del cristianismo a través de la biblia, donde todo lo escrito es inamovible e incuestionable.

Pero incuestionable no es equivalente a incalumniable, pero criticable dado que la veracidad de lo que la biblia implica lo cubre el velo de la duda, de la tergiversación a través de dos largos siglos de sangre…

Entonces, ¿Cómo se analiza? De lo particular a lo universal. Si se está hablando de justicia y se quiere saber qué es justicia, la primera etapa de la averiguación consiste en recoger ejemplos de casos particulares en los que los presentes concuerdan en afirmar que allí se obró con justicia. La segunda etapa es examinar estos casos particulares, compararlos entre sí, ver sus diferencias, ver sus cosas comunes, hasta ir dando con la cualidad –común a todos– que nos hace afirmar que en cada uno de esos casos hubo justicia. Esa cualidad común es la esencia de la justicia, su definición. Ha sido abstraída de los casos particulares por la mente humana y gracias a un poder que sólo la mente humana posee.

Así, buscando la verdad moral y siendo exigente con sus procedimientos, Sócrates inicia la filosofía del conocimiento: el objeto del filosofar es también el saber mismo. Tratar de asegurar que se está dando con la verdad.

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