17 en Bogota

Un espíritu que cuando dio su primera caída se llamaba IRIS. Decía: sin el conocimiento del mal, no se puede apreciar el bien.

¿Cuantos siglos he perdido. Esa es la vida de los espíritus, esa vida es la mía. Quiero huir de mi misma y me es imposible. Mi historia es mi vida. Di mis primeros pasos en la senda del crimen en la senda de la más horrible traición. Yo asistí al despertar de un pueblo, que despertó para el bien, para el adelanto, para las más grandiosas de las civilizaciones que registran los fastos de la historia, pero mi alma se despertó en sentido contrario. Tuve a mi alcance la felicidad y la dicha suprema, porque fui amada por el más noble, por el más grande, por el sabio. Yo era el iris de la mañana, pero mi padre me entregó al gran sacerdote de la religión, yo era la representante de la primavera de las fiestas de los héroes, y el gran sacerdote le pidió a mi padre su cooperación y me llevaron al templo, allí me vistieron y era la más hermosa de cuerpo pero no de alma.
Yo calumnié a mí amado cuando fue acusado de tener pacto con los genios del mal, yo, le hice horribles acusaciones y ANTULIO apuró la copa del veneno y me dijo te perdono porque te amo.

Fui apartada muy lejos del teatro de mi infamia en un triste lugar, fui apartada por el gran sacerdote como si yo fuera la peor peste, o la influencia maligna. Reconocí mi crimen recordando al sabio cuando me hablaba de las humanidades más perfectas, aunque él me decía: eres la obra única, eres el prototipo de la belleza humana.

En esta soledad me casé con un hombre de instintos brutales, del cual tuve dos hijos, que recibí sin alegría, y tuve un calvario con ellos. Quedé viuda, por propia intención, y mis hijos vengaban con migo la muerte de su padre. Los cuales murieron diciéndome pobre madre mía párate y reflexiona.
El pasado es un átomo comparado con el infinito porvenir y progreso, todo el tiempo que se está en la tierra sin relacionarse con la ciencia se vive a semejanza del bruto. ANTULIO, fue acusado de traidor a la patria.

En esta existencia tuve una horrible enfermedad que me abatió y todo cuanto tenía se perdió y quedé en la miseria y tuve que pedir de puerta en puerta limosna para sostenerme, yo oía que me decían, IRIS de un día, que aun no ha brillado. Desencarné, y desde el espacio veía todos mis desaciertos y me alistaba para mi próxima encarnación.

Volví a encarnar, y me llamé AURORA fui muy bella pero me faltaba el alma del amor, lloraba desconsolada no sé por qué. Y un hombre embelesado por mi juventud y mi belleza se enamoró, era un militar y tenía que ir a cumplir con sus obligaciones de oficial muy lejos de mí. Mi padre se suicidó porque yo no quise casarme con el que él quería y mi madre dudó de mi virtud. Quedé sola y todo el mundo me señalaba. Me enfermé y solo me cuidaba un anciano amigo de mi papá mi nombre de AURORA, era una larga noche tenebrosa. Me hice una ilusión que aquel hombre volvería y me tendría en sus brazos, vana ilusión volvió y al ver que ya no tenía la belleza de antes él me ofreció que me fuera junto con su servidumbre, me fui con ellos y un día en su palacio me llamó y me dijo: prepárate para que tomes esposo para que formes familia. Qué hombre tan repugnante me presentó, feo, vulgar y repulsivo. Obedecí y me uní a aquel hombre que odiaba desde el momento que lo vi. Fui madre de un hijo y varias hijas que por ser hijas de aquel hombre me eran repulsivas a este hombre por el odio que sentía por él y lo envenené. Más tarde desencarné.

En mí tercera existencia. Nací de nuevo de padres muy pobres, tuve muchos hermanos, crecí en el campo, mi piel era morena pero no fea, pero estaba lejos de ser hermosa. Deserté de mi casa me fui con otras jóvenes vagabundas, que de todo me enseñaron menos ser buena, fui aventurera, nadie me detenía, caí en los placeres y en el abismo del vicio y el libertinaje. Por algo mis compañeras de antes me llamaban el «reptil». Salí de la ciudad y fui al campo y allí encontré un descanso a mí desaforada existencia, conseguí trabajo en una granja y allí llegó mi protector de siempre y empecé una nueva etapa.

Sané a un hijo del gobernador en nombre de mi protector, y esa fue la reindivincación de muchos oprimidos, por mí exigencia, mí existencia fue larguísima y desencarné.

En otra encarnación y después del fallecimiento del profeta, vi por largo tiempo que vivía una soledad, porque allí no hay ni arriba ni abajo, no hay ni se siente alguna dirección, se está en el ancho y largo espacio, todo es un mar de luz. Vi muchos espíritus unos odiándome y otros adorándome, pasó una legión de espíritus, los seguí y los vi entrar en la atmosfera de la tierra. Detrás de mi venían otros espíritus que al pasar me dijeron prepárate para luchar anda, anda. Quise volver a la tierra que la vi muy hermosa, al llegar a ella vi dos terrenales reñir por una mujer, eran dos hombres fuertes y hermosos, los vi con interés y le dije a uno de ellos, no mates al hombre; el hombre se estremeció porque era médium, y me oyó perfectamente, uno huyó, el que era médium dijo esa mujer no será ni para mí ni para él, ¡será para tí!, le dije, ella te quiere quiérela tú.

Escuche con placer sus juramentos de amor, yo no me separaba de aquel nido de amor, espiaba todo y quería saber sus más íntimos secretos y yo quería ser carne de su carne, me desprendí del espacio y no se a donde llegué. No recuerdo nada durante la formación de mi cuero o mi ser. Pero después de nacer mi padre y mi madre me querían mucho yo era obra suya. Tuve más hermanos, crecí entre aromas y flores siendo el encanto de mí familia. Llegué al tiempo de los amores y me casé con un joven que sentía amarlo mucho. Tuve siete hijos, pero muy pronto fallecieron mis padres, por lo cual sufrí mucho, veía a mis padres en espíritu, pero mi madre cuando la llamé yo me acerqué a ella y como cosa extraña, perdió su envoltura de mujer y adquirió la de un hombre velludo, repugnante y se marchó y se perdió en las entrañas de la tierra.

Yo llena de años, fallecí en medio de mis hijos y nietos. En el espacio se aprende mucho y se ven todos los crímenes cometidos que es un infierno que atormenta. Mucho se trabaja en el espacio cuando el espíritu quiere formarse un cuerpo que le sirva, que sea útil para sus buenos fines. En el espacio se oyen armonías que en la tierra no hay ni la menor idea, de lo que es esto. No es fácil encontrar padre y madre, pero yo me preparé el camino que debía seguir, y no fue mi encarnación agradable, pues todos los historiadores hicieron una amalgama. Tuve una madre virtuosa y un padre desgastado, tuve vahos hermanos que eran lo contrario a mí, estaba lleno de familia, esto fue en Ávila España. Mi madre me quería muchísimo y me enseño a leer y escribir con una pluma que fue mi mejor tesoro. Un tiempo después mi madre murió, su muerte me tornó de niña en mujer, y muchas de las mujeres querían llevarme al mundo de la prostitución.

Los sacerdotes me perseguían con afán, me amenazaban con el demonio, me decían que era una perdida y a muchos de ellos los paralicé, para que no siguieran hablando sandeces y se volvían amigos míos.

La ponzoña de las religiones, todo lo envenena hasta los sueños y la peor de las iras es la sacerdotal, pues ellos no perdonan jamás cuando son ofendidos, son duros como una roca, sus palabras son como un martillazo, pero estos martillazos lo despiertan a uno. Ni el médico ni el sacerdote cumplen su cometido, el sacerdote ora sin sentir y el médico da la medicina por rutina, escribir es orar oremos escribiendo, los muertos rezan por los vivos y los templos sin sol son las tumbas de los vivos. Cuando hay egoísmo no nos interesa sino el agua de nuestro molino, será que Dios lucha contra su propia creación para tener enemigos? Hay oraciones sin alma son mecánicas, no se sienten y no hay mas infierno que la ignorancia, los templos y los conventos son las tumbas de la inteligencia, uno se enloquece, bajo el habito esta la humillación del Dios antropófago que castiga.
En una de mis visiones y desdoblamiento fui a un planeta donde es alegría y felicidad, y le pregunte a un niño: Aquí no hay enfermos? Y me contestaron: aquí no hay más enfermos que tú!. Pregunté en qué mundo estoy?, y me dijeron en la tierra, si en la tierra, y cuando ese mundo alcance su redención así serán felices los terrenales? Así será, me dijo una voz sonora. Salí de mí claustro y anduve por muchos pueblos viendo y curando enfermos, que sufren la calamidad de la expiación en un asilo de estas ciudades, los asilados estaban medio desnudos y las hermanas de la caridad tenían más traza de sepultureras que de enfermeras, la directora era un ogro más rabiosa que una pantera, no le interesaba sus pobres dirigidos. Todo esto pasa por que esta humanidad es ingrata.

En otro desdoblamiento vi tres de mis anteriores existencias, ¡pero qué horror!, estas existencias fueron antes de vender al sabio, y resonaba en mi conciencia esa frase «Te perdono», y me decía: las religiones son y forman sombra sobre sombra. En la existencia en los que levante templos, asilos y conventos, tuve un protector que era un potentado en el gobierno. Siempre me protegió y cuando desencarno se me presento en espíritu, primero como joven arrogante, en anciano venerable rodeado de auras luminosas, de arcos iris de bellísimos colores, y al alejarse me dijo con la mayor ternura:

«Te perdono en la eternidad»

«IRIS»

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