13 en Bogota

El hombre, en su búsqueda del entendimiento de sí mismo, de su proceder y su camino, siempre ha buscado entenderlo por la voz de otros. Continuamente cayendo en la devoción hacia otro, quien quizás determinado por una característica de liderazgo y un instinto similar o tendiente a la supremacía, llevado hacia una práctica que comparte con sus congéneres, armando grupos que comparten afinidad con su manera de vivir y entender tal búsqueda: la búsqueda de un ser divino que explique la existencia del hombre y su propósito.

En este proceso de búsqueda del ser divino y del entendimiento de si mismos, encontramos la aparición las religiones, las cuales nacidas de cultos bien organizados y estructurados, que explican la verdad que (hasta donde su progreso y comprensión de la realidad les permite), a través de dogmas irrefutables, pese a que en muchos de sus aspectos rebozan de irracionalidad y fluctúan en contradicción continuamente con los principios que dentro de sí mismas postulan.

Mucho de su innegabilidad se fundamenta en el hecho de que sus dogmas son palabras normalmente dictadas por un Dios (representando con ello a una personalidad superior a todos los seres), las cuales son verdades únicas, eternas e inmutables. Palabras, que históricamente, no fueron primordialmente dictadas a personas cuya capacidad de escritura fuera su característica, más sí lo solía ser su capacidad verbal. Dichos escritos, de manera paradójica fueron escritos, en casos, décadas después, hasta siglos después del fallecimiento o desencarnación de quien se dice las recibió directamente del mencionado «Dios».

A otros niveles nos encontramos con otro peldaño en la búsqueda del Dios, en lo que es conocido bajo el nombre de «sectas», quienes expresan rebeldía o contraposición a las religiones, pero que comparten con ellas sus principios normativos y dogmáticos. Las sectas, también se caracterizan porque suelen estar compuestas por «disidentes» o, como diría alguien, «prevaricadores de la fe de Dios», de la religión a la cual se contraponen.

Estos cultos de devoción normalmente o en su mayoría presentan unos niveles de jerarquización altamente estructurados, en forma piramidal, en cuya base siempre se encuentra el pueblo, el vulgo, siempre condenado al sufrimiento y las penurias por sus acciones, que fluyen en la ignorancia e inconsecuencia de un actuar en desacuerdo con su dogma grupal. En la cúspide de dichas estructuras siempre encontramos a aquella figura altamente habilidosa verbalmente, a menudo con buenos conocimientos generales, y con una alta capacidad de liderazgo, el cual le permite estar por encima de todos los demás y hacer de su palabra, una autoridad verbal.

Casi todas las religiones existentes nacieron de cultos, rudimentarios e incoherentes en su base, pero que por su acogida en una comunidad ansiosa por llegar a conocerse a si misma y entender su proceder y procedencia, se adhieren a cualesquiera extendiendo el control del mismo hasta evolucionar en un dogma estructurado que busca cubrir desde todos los ángulos aquel nivel de conciencia que busca librarse y llegar por si a su propio entendimiento, al padre creador que su ser reclama, a la verdad que le es negada por ir en contra de sus principios.

¿Pero, qué relación tiene la Escuela con los cultos y sectas? ¿Qué debemos saber de ello y por qué?

Múltiples son los cultos y nuevas sectas y religiones que se han fortalecido en el siglo XXI, quizá porque después de mitad del siglo XX, muchos abandonaron sus prácticas religiosas tradicionales y se adhirieron a prácticas que culturalmente no tenían precedentes, dentro de los cuales podremos mencionar «La Cienciología», «La Kabbalah» dentro de las más reconocidas, y sin fin de sectas cristianas o cuasi-cristianas, y centros con principios de superación y crecimiento como común denominador; al igual que «rebuscan» conocimientos olvidados de principios filosóficos y cultos olvidados para hacerlos propios y justificar una ideosincracia ajena, con raíces culturales e históricas.

Tales cultos modernos, se caracterizan, tal como se han caracterizado las religiones por una desmedida tendencia a castigar el conocimiento existente fuera de sí, su manejo del ingreso económico (muchas han sido reseñadas continuamente por flujos de dineros excesivos, y hasta han sido cerradas en ocasiones por evasión de impuestos), por la apropiación del conocimiento de otros, y nuevamente, a la cabeza de las características: Una gran cabeza visible, el máximo, el Maestro lumínico que les guía, y que gran mayoría de casos recibe todo el dinero que sus bolsillos deben aportar.

Al ver esta perspectiva, quizás alguien entienda porque en alguna instancia, la escuela ha sido comparada con tales prácticas. No porque apropie conocimientos; no porque tenga un Maestro. OJO! Hay que saber entender la realidad, tanto como saber entender lo que otros entienden de lo que nosotros hacemos y somos (Refiriéndome a la Escuela). Y para ello puntualizo mi punto: algunos de nosotros quizás hemos seguido más a la persona que al principio; hemos resaltado más el nombre, el titulo, que aquello cuya base se denomina «Espiritismo Luz y Verdad», y ante la opinión publica, es algo que se ha hecho visible, tras eventos aun recientes.

No, pero para ello nuestro deber no es realmente transitar cada uno de los cultos o religiones, y pasar de una a una para conocerlas; pero deber si es saber en que punto determinante la Escuela hace su labor, donde ninguna de estas religiones, sectas o simples cultos jamás llegarán. Tanto como que entendamos hasta que punto cada una de ellas hace una función que cae en el nivel de progreso de los espíritus que a ellas se anexan, y de que manera algunos de quienes por sus manos esta doctrina ha caído y su grado de entendimiento y progreso, han tenido la tendencia de hacer de ella otra de esas sectas sin horizonte ni propósito real.

No obstante, muchas sectas, cultos y religiones, parecieren ser las «panaceas» que el hombre necesita, por cuanto tienden a utilizar los términos y las palabras que se ajustan a las necesidades y sufrimientos de quienes la escuchan, pero que en el fondo son solo la mezcla de montones de situaciones comunes y pensamientos comunes para todos los que militan en ellas. Y lo parecen, puesto que usan las palabras que queremos oír, y que por principio se niegan en las religiones, de donde muchos han emigrado (las cifras de migración de culto a culto en las dos ultimas décadas son realmente sorprendentes) en búsqueda de algo mejor, donde encuentren respuestas, y como ya estos nuevos cultos, han hecho estudios estadísticos, saben cuales son las cosas que buscan estas personas, y para darle credibilidad y solidez a este hecho, se encadenan a un correlato filosófico o de personajes históricos de reseña.

Dichos conocimientos y principios, que en más de una ocasión, quien conoce esta escuela sabe, usurpados han sido por diferentes religiones y cultos, de los principios filosóficos, y aun de nuestra escuela, y cambiado duramente de razón social.

Lejos de todo esto, nuestra Escuela, tiene su labor centrada en el estudio del Espiritismo Luz y Verdad, que es la doctrina filosófica que expone, cuyo objetivo es fraternizar la familia humana a través del conocimiento de si mismo. Por ello, el estudiante de ella tiene el deber ineludible de estudiar en todo e investigar hasta donde le lleven sus deseos y capacidades de conocer, comprender y edificar conceptos serios acerca del mundo, de la vida, de dónde venimos, por que estamos aquí y para dónde vamos, es un trabajo arduo para quien está interesado en conocer profundamente las causas de la vida y sus eternas manifestaciones, quizás emplearíamos toda la existencia tratando de entenderlo, especialmente en el estudio de si mismos.

Hasta este punto, quiero hacer hincapié en algo: en lo que acabamos de decir, muchas son las sectas, cultos y religiones que dicen cosas similares, quizás; pero que en realidad, no lo son. Nuevamente, sale a la luz el hecho de que verdaderamente usurpan las palabras ajenas, ni siquiera los principios sino las palabras, pero que, dichos por una “autoridad verbal”, convencen a cualquiera, cuya conciencia esté saturada de ideas contradictorias y cegado por el recuerdo de doctrinas dogmáticas e irrefutables en su inefabilidad. El principio, la filosofía, el conocimiento real, es lo que buscamos, y a veces puede no venir adornado con palabras bellas y cánticos celestiales; pero la verdad es lo que es, más allá de la manera de decirla.

Existen ayudas para entender los procesos y en consecuencia actuar como hombres concientes del papel que desempeñamos en la sociedad. Las ciencias son un instrumento que ayuda mucho, la filosofía cuando no se amalgama con el dogma, la sociología, cuando no tiene prejuicios y toda rama del saber humano son excelentes para robustecer nuestro entendimiento de la vida y la forma como esta nos perturba o nos impulsa, para entender las causas de la hecatombe social originada en el seno de cada individuo social, todos los caminos del conocimiento que no están animados por el lucro particular, por el culto a las personalidades, por la esclavitud mental hacia determinadas practicas que no liberan sino que atan el libre vuelo del pensamiento, son válidas porque buscan mejorar los individuos a partir del conocimiento y de la educación moral tan mancillada por la equivocada educación impartida a toda la sociedad.

Nuestra Escuela, igualmente, frente a todos estos cultos o religiones, ya sean nuevos o antiguos, no tiene a muchos de ellos en su composición filosófica, a fines de analizarles y determinar sus instancias y sus efectos en el progreso humano; como por ejemplo, el culto de la cienciología, para ser conceptualizada, no es materia de nuestro estudio como institución: esta labor es de índole individual, de análisis y estudio racional, por parte de cada uno de quienes se encuentre de frente al culto y vea la necesidad de conocer y entender el valor de la Escuela, allende del culto que se le presenta, y de entender las características del culto, para llevar su comprensión de la escuela más allá del ya mencionado culto o religión, y obviamente para no quedarse en el culto, porque le parezca mejor o le ofrezca mejores garantías, puesto que entonces, lo que no habrá entendido de por sí, habrá sido lo que la escuela es y su filosofía.

De tal manera nosotros debemos estamos dedicados al estudio de una doctrina, la cual tiene los atributos necesarios para cambiar al hombre y liberar su pensamiento, es como en la cátedra de medicina, solamente se estudia la anatomía, la farmacéutica y todas la materias que componen su programa para no desvirtuar la estructura de sus objetivos, los estudiantes, están en la obligación moral de estudiar en todo y comprobar los preceptos enseñados, pero la medicina no dará fe ni conceptos acerca de las matemáticas porque no está en su programa.

De todos modos, toda actividad humana que propenda por el bien común, por la justicia social sin imposiciones violentas, por la fraternidad y la solidaridad, por la igualdad y por el amor hacia el semejante sin esclavizarlo y restarle sus derechos como consecuencia de un adoctrinamiento falso, cuyos objetivos sean los de fanatizar su mente para tener siervos agradecidos, esa actividad que persigue o tiene elevados objetivos de bien común es buena y efectiva para el fortalecimiento del alma humana, mas no lo es aquella que propende por desviar la naturaleza humana para favorecer intereses particulares, de secta, de religión y de iglesia y mantener individuos en la opulencia gracias a la miseria mental y física de otros.

No es que la Escuela no tenga en su seno respuestas para todo, pero no está en ella pontificar e imponer conceptos, ella aporta los instrumentos analíticos y racionales para que cada uno de sus estudiantes, construya ideas propias, argumente y debata con elevados principios las ideas que son materia de análisis, por lo cual es necesario que cada interesado estudie su doctrina, extraiga de ella los elementos necesarios y con ellos otorgue la razón de ser a determinados comportamientos y posturas de la ideología humana.

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